Justo después del Año Nuevo Chino, volví a mi oficina de la estación de televisión de Beijing donde estuve trabajando para encontrar que mis usualmente alegres colegas chinas estaban, sin duda, con un humor muy diferente. Incluso Shang Shang, la productora megawatt, había suavizado varios julios y estaba inusualmente silenciosa para un lunes por la mañana. “¿Habéis tenido unas bonitas vacaciones?”, pregunté. Tan solo conseguí unos asentimientos sin entusiasmo, unas pocas sonrisas forzadas y me acercaron una bolsa de bolas de sésamo que estaba por la mitad que había estado circulando por la oficina del noticiario. Intrigada, fui a ver a una de las supervisoras, una mujer que era unos diez años mayor que la mayoría de las mujeres del equipo. “Están tristes porque no están casadas”, dijo como si esta respuesta tuviera pleno significado para mi. Entonces ella volvió a la pantalla de su ordenador, dejándome maravillada si la respuesta de China a Mr. Darcy fuera evidente, o como si el partido comunista regalara alegremente lunas de miel gratis en las Islas Maldivas.
Mientras almorzaba más tarde con Shan Shan aprendí que el nuevo año chino es famoso por ser el momento del año en que se llenan los sobres rojos, los dumplings son cocidos al vapor y los solteros sin compromiso son ensartados. Como la gran apoteosis del calendario del año chino lunar y las vacaciones anuales más largas a que tienen derecho los trabajadores chinos, están enmarcadas por la migración masiva de más de 300 millones de personas viajando a casa para la fiesta en la que tiran fuegos artificiales con sus familias. Los extensos clanes se unen para comer, beber, jugar y ser felices, y las noticias sobre las familias y los esponsales toman casi siempre el centro del escenario. Reunidos alrededor de las mesas engalanadas con cabezas de pescado, los solteros de más de 25 años son asaltados ofertas bien intencionadas pero con frecuencia mal aconsejadas de citas a ciegas. Especialmente las mujeres son el objetivo de la ofensiva marital, ya que es considerado imperativo que hagan el nudo a una cierta edad, a menos que se conviertan en “sheng nu” o, traducido literalmente, las “mujeres sobrantes”.